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Domingo, 07 Julio 2013 15:09

Potenciar las bases morales de las relaciones internacionales. Es parte de la gran política

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En la Gran Mansión del Ministerio de Relaciones Exteriores, ubicada en la calle Spiridónovka, los funcionarios miembros del Colegio del MinRex de Rusia se reunieron con Su Santidad el Patriarca de Moscú y toda Rusia Cirilo para discutir los temas que competen a la cooperación entre distintas civilizaciones y culturas en el contexto del creciente papel del factor religioso en las relaciones internacionales. 

En la sesión intervinieron con sus discursos Su Santidad el Patriarca Cirilo y el Canciller ruso Serguéi Lavrov. 

¡Su Santidad, 
Distinguidos visitantes, 
Apreciados amigos!

Hemos convenido en reunirnos hoy, contando con la asistencia de todos ustedes, para estudiar el papel del factor religioso en las relaciones internacionales y su relevancia en nuestra política exterior. Quiero manifestar mi más sincero agradecimiento a Su Santidad el Patriarca de Rusia por acudir a este encuentro personalmente.

La diplomacia rusa ha cooperado tradicionalmente con la Iglesia Ortodoxa y las raíces de esta colaboración se remontan a la antigüedad. Aún en tiempos modernos, posteriores a la desintegración de la URSS, cuando el Estado no disponía de recursos válidos para seguir trabajando con aquellos ciudadanos que al instante quedaron, prácticamente, al margen de sus fronteras, la Iglesia Ortodoxa asumió la misión de eslabón de enlace, guardián de los principios espirituales y culturales, llenando, en realidad, el vacío en la comunicación de nuestros compatriotas con su país.

Hoy por hoy, tenemos por delante un amplio campo de acción para cooperar; en esencia, los intereses de la Iglesia rusa comulgan perfectamente con las labors que el Ministerio de Relaciones Exteriores adelanta con los compatriotas residents en el extranjero, con sus esfuerzos pacificadores en el espacio de la CEI y en otras

regiones que sientan las premisas para robustecer las relaciones interestatales. Un ejemplo convincente es la gestión que realizaron las máximas autoridades ortodoxas para crear el ambiente afectivo de condolencia y solidaridad con el pueblo polaco después del accidente aéreo en las afueras de Smolensk, lo cual realmente, hizo avanzar nuestros países hacia una reconciliación histórica. 

Mancomunadamente, nos pronunciamos contra toda manifestación de xenofobia, intolerancia, intentos de escindir el mundo por cualquiera de los indicios — religioso, étnico o cultural. Compartimos la opinión sobre la importancia del diálogo entre distintas confesiones y civilizaciones. El Ministerio ha planteado entre sus prioridades la de promover en lo sucesivo las iniciativas de crear bajo la égida de la ONU un consejo consultivo de las religiones, así como la de poner en plena marcha el mecanismo de “diálogo” sobre la problemática religiosa ante la UNESCO, derrotero en que ya se han hecho algunos progresos aunque con ciertas dificultades. 

Asimismo, podemos tomar acciones colectivas en el ámbito de la OSCE, el Consejo de Europa y otras organizaciones internacionales y regionales. Hay muchas posibilidades para el trabajo conjunto; entre ellas está el mecanismo del Grupo de trabajo para la cooperación entre el Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia y la Iglesia Ortodoxa rusa, que se ha granjeado mucho reconocimiento, como también los subgrupos por temas específicos que actúan en el marco del mismo. No podemos sino resaltar los evidentes beneficios de tal cooperación. 

Quiero asegurar a Su Santidad que el Ministerio de Asuntos Exteriores siempre brindará todo su apoyo a la Iglesia Ortodoxa rusa en lo que se refiera a la consolidación de sus posiciones en el exterior, a la reposición de sus derechos de propiedad sobre las tierras y templos, pertenecientes a Rusia históricamente; prestaremos nuestra asesoría jurídica, consular y de información en todos los asuntos que sean de su interés. 

Sin duda alguna, el tema sobre el papel del factor religioso en la política internacional es tan complicado y polifacético que exige una aproximación cuidadosamente medida. 

El Presidente Dmitri Medvédev, en su intervención que tuvo lugar el 12 de julio de 2010 en la Conferencia regular de Embajadores de Rusia en el exterior, destacó, en especial, la imperiosa necesidad de adoptar un enfoque profundamente analítico en el pronóstico de tendencias en el desarrollo mundial, una mirada fresca que permita desistir de estereotipos y aprovechar con máxima eficacia los recursos de la sociedad civil, tomando en consideración nuestras confesiones tradicionales y, en primer lugar, la religión ortodoxa. 

La crisis financiera y económica global puso en evidencia lo inconsistente de las ideas del capitalismo liberal las cuales propiciaron la formación de una sociedad de consumo irrefrenable; asimismo, demostró lo imposible que es emprender el camino del desarrollo sostenible con base en estas ideas. En los años 60 del siglo pasado lo predijo Pitirim Sorokin, advirtiendo que el culto específico socio-cultural al consumo estaba condenado a fracasar. 

Actualmente, cada vez más gente va tomando conciencia de que dejar en el olvido la naturaleza moral del ser humano, sus valores y normas de comportamiento, que constituyen los cimientos espirituales de la solidaridad universal entre los hombres, redunda en las consecuencias que podrían ser calificadas de catastróficas. La índole misma de las amenazas globales, comunes para todos los países, demanda justamente una respuesta solidaria y colectiva que descanse sobre unas sólidas bases morales. 

Consideramos que potenciar las bases morales de las relaciones internacionales es parte de la gran política. Es más, el nuevo sistema policéntrico, formado en el ámbito internacional, acabará por incorporar toda la diversidad y riqueza cultural de las civilizaciones del mundo; por lo tanto, estoy seguro de que el papel del diálogo entre las religiones tendrá una trascendencia especial. Es evidente también que Europa tendrá dificultades para encontrar puntos de convergencia con otras civilizaciones si deja a un lado sus raíces cristianas y el andamiaje de su identidad. Creo que aquí, en medio de tantos tormentos que inquietan las mentes y almas europeas, se avista un lugar relevante para Rusia, favorable para poner en práctica nuestra política. 

Las lecciones de la Victoria sobre el fascismo conservan su importancia universal hasta ahora, pues sirven para mostrar que el olvido de las normas morales, comunes para toda la humanidad, conduce al hombre y a la sociedad a una catástrofe. La ideología del nazismo germinó a partir de la obra de algunos filósofos, entre ellos Friedrich Nietzche y sus ideas sobre el superhombre. No hace mucho Francis Fukuyama anotó en uno de sus trabajos que la frase nietzcheana “Dios ha muerto” es una bomba capaz de hacer estallar los valores como la compasión e igualdad de la dignidad del hombre”. Según el célebre autor norteamericano, esta ideología lleva a un callejón sin salida en el que anda extraviada la filosofía occidental. 

Lamentablemente, por ahora lo que define en mucho la actitud de EE.UU. y Occidente en su totalidad son las vivaces ideas mesiánicas, creencia en su propia exclusividad y carácter universal único de sus valores, siendo éstos fruto de una cultura laica. Estamos seguros de que será imprescindible ir dejando esta concepción del mundo, y entre más tiempo dure dicho proceso, más dolorosa será la adaptación a la nueva realidad. 

Al mismo tiempo, tendremos que afrontar las secuelas de la globalización que destruyó las rígidas barreras entre naciones y comunidades, aguzando, por otro lado, el sentido de la identidad étnica y confesional. Lo podemos observar tanto al interior de los países, incluida Rusia, como en el ámbito internacional. Por ello, una vez más cabe subrayar el carácter actual que tiene la tarea de fortalecer el diálogo entre distintas religiones y culturas, y plantearla como una de las prioritarias para garantizar la seguridad en su dimensión nacional y global. 

En las circunstancias presentes, un objetivo importantísimo para Rusia estriba en evitar que nos involucren en tomar uno u otro partido en el “ajuste de cuentas” entre Occidente y el mundo islámico. Nuestra obligación es mantener la posición conciliadora y equitativa a la que subyace una vasta experiencia de nuestra coexistencia y cooperación multisecular al lado de 150 pueblos y naciones que profesan más de cincuenta creencias. En primera instancia, se trata de nuestras confesiones más representativas y, ante todo, la Iglesia Ortodoxa que siempre ha aspirado a unificar otras corrientes religiosas. 

A instancias de nuestro país, en 2008 el Consejo de Europa aprobó el Libro Blanco del diálogo intercultural que proponemos tomar como base para comenzar ante esta organización una serie de debates en torno a lo que representa la identidad europea y los valores fundamentales de la actual sociedad del Viejo Mundo. Estamos interesados en que participen en ellos políticos, filósofos, científicos y personalidades religiosas. Este diálogo es inminente en virtud de muchos factores, entre ellos la tristemente conocida sentencia, dictaminada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre el caso Lautsi vs Italia, que, de hecho, en nada contribuye a la paz y consenso interreligioso en Europa, pues quienes se olvidan de sus raíces espirituales difícilmente podrán respetar las creencias de otras civilizaciones. 

Estamos coadyuvando al diálogo interreligioso. Por iniciativa de Rusia, se constituyó el Grupo de Visión Estratégica “Rusia-Mundo Islámico” y el Foro Público Mundial “Diálogo de las civilizaciones”. Es difícil sobreestimar las acciones colectivas con la Iglesia Ortodoxa, desarrolladas en el marco de esta labor. 

El tema planteado para nuestra discusión el día de hoy es actual, y uno de los aspectos particularmente concretos reside en preparar especialistas en política internacional idóneos. En el momento presente, el Instituto Estatal de Relaciones Internacionales MGIMO y Academia de Diplomacia no disponen de suficientes posibilidades para capacitar a los estudiantes y posgraduados en la problemática religiosa, clarificándoles el importante papel de la religión en la política internacional. De ser posible un acuerdo para diseñar un curso de conferencias sobre éste y muchos otros temas por especificar, contando para ello con el respaldo de la Iglesia Ortodoxa rusa, el encuentro de hoy tendría óptimos resultados prácticos que complementaran nuestra cooperación. 

Igualmente quisiera agradecer a Su Santidad por dispensar permanente atención a nuestros embajadores. Los atiende antes de que emprendan el viaje al país de destino, lo cual para ellos es una inapreciable oportunidad para apropiarse de sus juicios sobre el componente espiritual de las relaciones internacionales, incluyendo los que se refieran a los países concretos adonde se dirijan. 

Reitero nuevamente nuestro interés en desarrollar la cooperación con la Iglesia Ortodoxa rusa y la buena voluntad de ayudarles en todo lo posible en sus nobles iniciativas. 

Palabras clave: cooperación de la diplomacia rusa con la Iglesia Ortodoxa de Rusia, trabajo con los compatriotas en el exterior, esfuerzos pacificadores en el espacio de la CEI, diálogo entre confesiones y civilizaciones.

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