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Viernes, 12 Diciembre 2014 00:26

Intervención del ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, en la XXI sesión del Consejo de Ministros de la OSCE, celebrada en Basilea el 4 de diciembre de 2014

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Señor presidente:

Señor secretario general:

Señor presidente de la Asamblea Parlamentaria:

Señoras y señores:

Agradecemos a la presidencia suiza por haber escogido el tema del debate de hoy. La Europa Atlántica atraviesa una grave crisis y es necesario buscar una salida. La solución solo se puede encontrar entre todos y pasa por extraer las conclusiones correctas de las lecciones del pasado. La experiencia de todos estos últimos años demuestra que si se actúa de forma unilateral sin reconocer los errores cometidos, no se conseguirán buenos resultados.

Hace un año, cuando nos reunimos en Kiev, se podría haber previsto la dramática situación de Ucrania, se podría haber encontrado un equilibrio entre los intereses legítimos de Ucrania en el este y en el oeste. Sin embargo, entonces Bruselas se negó rotundamente a un proceso a tres bandas con la participación de Ucrania, la UE y Rusia, exigiendo de hecho a Kiev que descuidase las obligaciones del Acuerdo sobre la zona de libre comercio de la CEI. Nuestros colegas occidentales llegaron incluso a apoyar el golpe de Estado anticonstitucional, la erosión de la soberanía de Ucrania, cerraron los ojos a la división de la sociedad, a la violencia de los ultranacionalistas, que instigaban a moldear a todo el pueblo ucraniano con su ideología. El acuerdo del 21 de febrero, que declaraba el objetivo de la unidad nacional, fue pisoteado literalmente al día siguiente. Comenzó el ataque a los derechos de las minorías -sobre todo a los rusos, a su lengua, su religión, sus héroes- a los valores y a la cultura europeos.

Un intento de superar la crisis interna ucraniana y lograr la unidad nacional fue la Declaración de Ginebra de la UE, Rusia, Ucrania y EE. UU. (17 de abril), en la que Kiev se comprometió a iniciar inmediatamente una reforma constitucional «inclusiva, transparente y clara» con la participación de todas las regiones y las fuerzas políticas del país. Esto no se ha hecho hasta ahora. Por cierto, la presidencia suiza propuso trasladar la Declaración de Ginebra al lenguaje de la hoja de ruta de la ОSCE, pero EE. UU., la UE y Ucrania se negaron.

Ahora todas las esperanzas están puestas en la realización de los acuerdos de Minsk, a cuyo logro entre las autoridades de Kiev y los representantes de Donetsk y Lugansk han contribuido activamente la OSCE y Rusia. Ahora, nuestros expertos militares, invitados por el presidente Petró Poroshenko, están ayudando a las partes en conflicto a plasmar el acuerdo de las líneas de separación y a dar los pasos prácticos para retirar el armamento pesado, lo que permitirá que los observadores de la misión de supervisión de la OSCE se desplieguen entre las posiciones de ambas partes.

Los siguientes pasos deben ser el restablecimiento de los vínculos sociales y económicos y de las infraestructuras, el alivio de la situación humanitaria tan grave, el canje de los prisioneros y el comienzo de un auténtico proceso político basado en el diálogo nacional prometido hace tanto tiempo,  cuyo objetivo también se firmó en los acuerdos de Minsk.

En consecuencia, Rusia apoya el proceso de Minsk y aboga por su continuación. Los intentos de trasladar los acuerdos a otros formatos en los que no participen los representantes de Donetsk y Lugansk resultan contraproducentes e inaceptables. Solo un diálogo directo de las partes ucranianas puede dar resultados. No se puede permitir que los acuerdos de Minsk corran la misma suerte que ha tenido el Acuerdo del 21 de febrero y la Declaración de Ginebra.

Para que se restablezca la confianza y para que haya una reconciliación nacional, revestirá especial importancia la investigación honesta y abierta de todos los crímenes, incluidas las tragedias del Maidán, Odesa, Mariúpol y la catástrofe del Boeing malasio.

La OSCE, que asume las principales funciones de apoyo externo a una solución a la crisis ucraniana a través de la misión de supervisión y la participación en el grupo de contacto, debe incrementar sus esfuerzos en todas las direcciones.

La evolución de los acontecimientos ofrece a la OSCE una oportunidad única de asumir una iniciativa más amplia para superar las tendencias negativas en la Europa Atlántica, elaborando una agenda del día positiva basada en el conjunto de los principios de Helsinki.

Lo que sucede en Ucrania es el resultado de una crisis sistemática en la región de la OSCE que se venía incubando desde hacía mucho tiempo. Hunden sus raíces  en la incapacidad de garantizar un verdadero espacio único euroatlántico basado en el reconocimiento de la igualdad de derechos de todos los Estados miembros, el respeto de los intereses legítimos de cada uno de ellos y el rechazo de la injerencia en los asuntos internos.

La construcción de esta «casa común europea» se ha visto socavada constantemente por actos unilaterales: la ampliación de la OTAN, la creación de la defensa antimisiles estadounidense en Europa, el avance agresivo del concepto de la Asociación Oriental, llegando a rechazar el reconocimiento la integración euroasiática, el levantamiento de barreras artificiales para impedir el contacto entre la gente.

Consideramos desastrosos los intentos de demostrar que solo la OTAN y la UE tienen el monopolio de la verdad y que solo se puede estar seguro y prosperar dentro de sus filas. Si seguimos esta lógica, habría que cerrar la OSCE. Rusia no está de acuerdo con esto.

Estamos a favor de que el proceso «Helsinki + 40» no solo se utilice para confirmar el consenso de 1975, sino para que se haga realidad.

Para esto, es preciso aunar esfuerzos para trazar las líneas divisorias de los tres ámbitos de actividad de la OSCE.

En el primer «cesto»  hay que garantizar en la práctica la indivisibilidad de la seguridad militar y política. Nadie debe garantizar su seguridad a cuenta de la seguridad de los demás. Este principio ha sido proclamado en declaraciones solemnes, pero sigue siendo papel mojado.

En el segundo «cesto»  hay que ocuparse seriamente de la «integración de las integraciones», de la creación de un espacio económico desde el Atlántico hasta el Pacífico, que no solo abarque a los miembros de la UE, la CEEA y la AELC, sino a todos los demás Estados miembro de la OSCE dentro de la plataforma general de las normas y principios de la OMC.

En el tercer «cesto», por último, hay que cumplir las obligaciones para garantizar la libertad de movimiento, la defensa de los derechos de las minorías nacionales y la lucha contra todo tipo de intolerancia.

La OSCE debe ser un instrumento de búsqueda de respuestas conjuntas a todos nuestros desafíos comunes, incluido el «incendio» desatado en el sur de nuestra región. Entre las amenazas intensificadas está la situación de los cristianos en Oriente Medio y el norte de África. La OSCE ya está examinando los problemas del antisemitismo y la islamofobia. Estoy convencido de que la cristianofobia no merece menos atención.

Para ser efectiva, la OSCE debe ser una organización internacional de pleno derecho con unas reglas claras, que promuevan acciones colectivas mediante la creación de un consenso.

Es imperativo basarse en un análisis objetivo y profesional de los problemas que se nos plantean. Saludamos la propuesta suiza de crear un «grupo de sabios» para elaborar respuestas a los retos de la seguridad en todos los ámbitos. Creemos que esta propuesta será aprobada en la Declaración sobre la continuación del proceso «Helsinki + 40», que debe reflejar nuestra determinación de seguir avanzando.

Quiero destacar aún como prioritaria la ¬ Declaración sobre el 70 aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial, destinada a rendir homenaje al heroísmo de los vencedores del fascismo y el nazismo y a impedir el resurgir de ideologías que inculcan el odio.

Finalmente, me gustaría felicitar una vez más a la presidencia suiza, que ha cumplido su función dignamente en circunstancias difíciles, y desear mucho éxito a los colegas serbios para 2015.

Gracias.

mid.ru

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