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Lunes, 23 Mayo 2011 00:00

!Doquier traición, y cobardía, y engaño!

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Existe tal concentración del mal, tal condensación de la tiniebla, que el hombre necesita fuerzas inhumanas, proeza sin igual, para superarla, no por fuera, no, sino por dentro, cuando ella, irrumpe imperiosa y descaradamente, llenando el alma... El suicida grita pusilánime: “No quiero vivir y no viviré”, mientras que el mártir invoca: “No puedo vivir, pero ansío la Vida”. La proeza de Getsemaní es orar hasta la sangre, orar por el cáliz..., para que la tiniebla no absorba la luz.

No en ciertas galaxias, sino aquí, en el corazón, y después en las galaxias, que en comparación con el corazón humano son polvo y cenizas... “¡Doquier traición, y cobardía, y engaño!”, no es un simple reproche del emperador Nicolás II lanzado a los contemporáneos, es su dolor por ellos, “porque no saben lo que hacen”. Si no hubiera ese dolor de lucha, no hubiera escrito la hija del Soberano, cual signo de conciliación, que él le ordenó transmitir fuera de la prisión: “El los perdonó a todos...” También nos perdonó a nosotros, aunque nosotros acaso “¿no sabemos lo que hacemos...?” Cuando se disipó el tufo ponzoñoso de la propaganda revolucionaria, después de los ultrajes y escupidas de la historiografía soviética a la familia del zar, cuando abrieron los archivos, cuando publicaron las cartas, los diarios, las memorias, los testimonios oculares, cuando fuimos libres para comprender sensatamente la tragedia del asesinato de la familia del zar, de las pantallas de televisores, de boca de un historiador de mala fe, de pronto oímos: “La emperatriz fue una estúpida”. Y otro sabiondo conductor de TV, satisfecho de sí mismo, dirá con sarcasmo: “No soy deaquellos que consideran a Nicolás II un hombre de férrea voluntad”. Esa gente no puede “no saber”, simplemente no quiere saber.

El mundo antes correrá en defensa de sus granujas que de sus santos. Contados intentarán irrumpir en Tsárskoe Seló para proteger a quienes juraron fidelidad. Y esos no serán generales, comandantes de frentes, quienes a una voz aconsejaron al emperador que renunciara al trono, quienes vieron como nadie en Rusia cuántas fuerzas, intelecto y alma entregó el Soberano para enmendar la situación en el ejército. “Con la victoria en las manos – escribía Churchill – , Rusia se desplomó viva”. Así caen por golpe traicionero a la espalda.

Un joven suboficial tuvo la dicha de abrirse paso al palacio. La abdicación ya había sido anunciada, pero el emperador no estaba en el palacio. Los temores por su suerte y el futuro de los hijos crecían a cada instante. “Con un gesto de la mano, la emperatriz me hizo erguir, sus ojos estupendos se hundieron todavía más por las noches de insomnio y angustia, expresando el insoportable tormento del corazón destrozado. ¡Qué belleza y excelsitud celestial emanaba esa alta figura soberana!” Pero no es a sí misma que tiene lástima y tranquiliza Alejandra Fiódorovna. “¡Le estoy muy agradecida a usted porque vino a verme y no me abandonó este día tan penoso y horrible! Cuánto quisiera que usted quedara conmigo, pero eso, por grandesgracia, es imposible. Sé y comprendo cuán duro es esto para usted... ¡Le ruego que se quite mi monograma, porque me será doloroso si se lo arranca algún soldado borracho en la calle! ¡Estoy segura de que usted seguirá llevándolo en su corazón!”, consolaba ella al suboficial. Y a esa Soberana, mejor dicho simplemente Persona, calificarla de “estúpida”, oyéndolo todo el país. ¿Y por qué? Porque resulta que al conde de Witte cierta vez lo llamó la Soberana, quien reflejando conmiseración en el rostro, le expresaba asombrada que en Rusia hubiera tantos pordioseros y desamparados. Y casi que le exigía acabar con esa barbaridad. “¡Oh! ¡Qué ingenuidad!” ¡Sí, pero qué preciosa ingenuidad!

Al rodar la película consagrada a la gran princesa Elisaveta Fiódorovna, nuestro grupo filmador trabajó en Darmstadt, ciudad natal de dos hermanas princesas. Todos quedaron admirados de la atención que dedicaba la familia de Alix y Elisaveta a los pobres, huérfanos y a todos los necesitados en el modesto ducado de su padre, cuyas dimensiones, lógico, eran incomparables con las rusas. Claro, el ducado de Hesse era una provincia europea. Los primeros años, la emperatriz nopodía y, pienso, hasta el fin de sus días no logró conciliarse con la idea de que lo posible en su ex Patria era imposible en su nueva, inmensa Patria, que ella amó con toda el alma. ¿Pero quién le tirará por eso una piedra? “Quien ansía lo imposible, a ese quiero”, decía el genial Cervantes.

A propósito, Alejandra Fiódorovna recibía al suboficial con el delantal blanco de hermana de caridad. Desde el mismo comienzo de la guerra, ella junto con sus hijas se preocupaba por los heridos, y toda la familia hacía enormes donaciones para hospitales, trenes sanitarios, remedios, equipos y ropa destinados a los combatientes en el frente.

En vísperas de la guerra, ningún gobierno de Europa defendió tanto la paz como el gobierno de Petersburgo. En noviembre de 1921, en Washington, en la conferencia sobre armas marítimas, el presidente de EE.UU. dijo: “La propuesta de limitar los armamentos por acuerdo entre las potencias no es nueva. En este caso vale recordar las nobles aspiraciones expuestas 23 años atrás en el rescripto Imperial de Su Majestad Emperador de todas las Rusias”. Después seguía una extensa cita de la nota de Nicolás II, donde él se dirigía al mundo entero con la exhortación de convocar una conferencia internacional para poner coto al auge de los armamentos y elaborar mecanismos de prevención de las guerras en el futuro. El mundo se asombró de que esa propuesta partiera no de un país débil indefenso, sino de un imperio enorme y todopoderoso. Todas las grandes potencias desecharon esa propuesta. El káiser Guillermo II declaró: “En mi práctica, también en adelante seguiré confiando sólo en Dios y en mi espada afilada”. Inglaterra, con la mejor flota del mundo, se negó a cualquier reducción.

Japón, que tramaba sus planes en Extremo Oriente, ignoró la nota rusa. Como se expresó metafóricamente el conde Muraviov, Ministro de Relaciones Exteriores de Rusia: “los pueblos la recibieron con entusiasmo, los gobiernos, con desconfianza”. A cualquiera se le hubieran caído los brazos, pero Nicolás II no cejaba en sus esfuerzos. Siguió otra nota, y la Conferencia de Paz de La Haya en fin de cuentas tuvo lugar en 1899 bajo la presidencia del embajador de Rusia en Londres. Fue aprobada toda una serie de importantísimas decisiones, entre ellas, sobre no empleo de gases venenosos y balas explosivas, condiciones de manutención de prisioneros, principios de solución pacífica de conflictos, institución del Tribunal Internacional de La Haya, hasta ahora vigente. ¿No son demasiados logros para un zar “débil” y “tonto”, ante cuya porfía y clarividencia se inclinó la tozuda Europa? Las ideas fundamentales de la iniciativa rusa se plasmaron con mayor plenitud en la creación de la Liga de las Naciones, que más tarde entregó el relevo a la Organización de las Naciones Unidas. No por casualidad en la sede de la ONU en Nueva York se expone el documento auténtico que exhorta a los Estados a participar en la Conferencia de Paz de la Haya de 1899, bajo el cual está la firma de Nicolás II.

Alejandra Fiódorovna, como sabemos, era nieta de la reina inglesa Victoria. En sus cartas, el heredero del trono ruso la llamaba sincero “querida Abuela”, porque ella jugó no poco papel en su matrimonio. Después de vencer la oposición de su padre, de cuya “férrea voluntad” no dudaba el mundo entero y quien no aprobaba el casamiento del sucesor con la princesa de Darmstadt, el príncipe heredero enamorado tropezó con otro obstáculo. El reglamento exigía que la futura emperatriz pasara obligatoriamente a la ortodoxia. Esa circunstancia se convirtió en serio escollo en el camino de los corazones enamorados, y precisamente la reina Victoria supo convencer a su nieta para que diera ese paso. Las cartas de “Niki” están impregnadas de sincero cariño y reconocimiento a la “querida Abuela” por su inapreciable servicio. Pero en una de sus cartas, ella reprocha al joven zar por los artículos anti ingleses aparecidos en diarios rusos. A lo que vino la respuesta: “Yo debo decirle que no puedo prohibir a la gente que exprese sus opiniones en la prensa. ¿Acaso no me amargaron los juicios injustos, bastante frecuentes, acerca de mi país, en diarios ingleses? Hasta los libros que me envían continuamente de Londres, falsean nuestras acciones en Asia, nuestra política interior, etc.”.

Al cabo de unos meses, los esposos expresan su alegría porque la reina Victoria aceptó ser madrina de su primera criatura, la gran princesa Olga. La reina Victoria, acostumbrada a otros nombres de la corteza, por lo visto quedó algo atolondrada por semejante elección del emperador ruso. “El nombre Olga lo elegimos porque ya varias veces lo hubo en nuestra familia, es un antiguo nombre ruso”, escribió “Niki” en noviembre de 1985. Pero en la carta siguiente enviada desde Darmstadt, a la “querida Abuela” le esperaba un “balde de agua fría”, después que la reina Victoria intentó “presionar” a “Niki” en provecho de la política inglesa en Oriente. “En cuanto a Egipto, querida Abuela, es una cuestión muy seria que afecta no sólo a Francia, sino también a toda Europa. Asimismo Rusia está bastante interesada en que estén libres y abiertas las rutas más cortas a Siberia Oriental. La ocupación británica de Egipto es una verdadera amenaza a nuestras rutas marítimas en Extremo Oriente, porque está claro que quien tiene en sus manos el valle del Nilo tiene el canal de Suez. De ahí que Rusia y Francia no acepten la estancia de Inglaterra en esta parte del mundo y ambos países ansíen la integridad real del canal”.

Los días de marzo fueron fatales para la dinastía Románov: asesinato de Alejandro II, abdicación de Nicolás II... “Quizás cuando le arrojemos la corona de los Románov, el pueblo se apiade de nosotros. El Cuartel General, Alexéev y los generales ya hace tiempo que ven con simpatía la idea del golpe de Estado”, masculló en esos días Guchkov, “pálido como la muerte, con la mandíbula temblando”, dirigiéndose a un grupo de diputados mortalmente asustados de la Duma de Estado.

¿Entonces con quien estamos? Con ellos o con quien despojándose la corona dijo: “¡Si Rusia necesita una víctima expiatoria, yo seré esa víctima!”

ANOTACIONES DEL DIARIO DE LA EMPERATRIZ ALEJANDRA FIODOROVNA*

Extractos de anotaciones de 1905

El sentido de la vida no es hacer lo que te gusta, sino hacer con amor lo que tú debes.

Tenemos que buscar nuestra salvación en la situación que nos puso la Providencia, y no alzar castillos de arena imaginándonos cuán virtuosos seríamos en cualquier otra ocasión. Y luego, tenemos que creer de veras en Dios, hasta en lo más mínimo. La mayoría de la gente pasa la vida gimiendo y desconsolándose por motivo de sus hábitos, razonando que hay que cambiarlos, trazando reglas de la vida futura que esperan, pero de la que tal vez serán privados. Y de ese modo pierden tiempo, que deberían dedicar a buenas acciones en el camino de su salvación. Salvación a la que hay que aspirar cada día y cada hora. No hay mejor tiempo para eso que el que nos dona el Señor con su misericordia ahora. Pues lo que nos traerá el día de mañana, no lo sabemos. La salvación no se alcanza con la sola ilusión, sino con la celosa dedicación. Continua abstinencia es lo que Dios quiere...

...Sufrir, pero sin perder el coraje, ahí está la grandeza... Adonde sea que nos lleve Dios, en todas partes lo encontraremos a El, tanto en la faena más agotadora, como en la reflexión más apacible...

Lo que nos oprime y hiere nuestro orgullo trae mayor provecho que aquello que nos emociona e inspira.

Extractos de anotaciones de 1908

(Inscripción: Ernie, Moscú, 1908 – Alejandra)

El cristianismo, como amor celestial, realza el alma de la persona. Soy feliz: cuanto menor la esperanza, tanto más fuerte la fe. Dios sabe lo que para nosotros es mejor, nosotros no lo sabemos. En la continua resignación empiezo a hallar la fuente de fuerza permanente. “La agonía diaria es la senda hacia la vida diaria”.

La base del carácter noble es la absoluta sinceridad.

La influencia de las buenas mujeres es la fuerza más grande después de la piedad de Dios que forja a los hombres buenos.

El amor no crece, no se agranda y perfecciona de repente y por sí solo, sino que exige tiempo y continua solicitud.

Quien conoció la desgracia sabe compadecerse de los demás.

Ser grande significa ser feliz: es una de las opiniones erróneas sostenida en casi todas las épocas por la mayor parte de la humanidad. Ser bueno significa ser feliz, ahí está el secreto accesible a contados sabios y virtuosos que no sólo se embellecen a sí mismos, sino también embellecen a los cercanos y a la Patria.

La bondad fraternal y la misericordia se manifiestan en pequeñeces. Pequeños signos de atención, insignificancias, pero continua abnegación, brevísima conversación sobre los deseos e inquietudes de los demás, evitar con delicadeza, sin exteriorizar, todo lo que pueda causar dolor, son pequeñeces que crean paz y amor y significan mucho más que la cortesía aparente.

Extractos de anotaciones de 1915

La vida de la humanidad es una gran vida común de diferentes criaturas humanas. Hay que comprender que la existencia de una persona aislada de toda la gente restante es lo mismo que si la persona existiera aislada de las células de su propio organismo.

La mejor parte de la belleza es la que no se puede manifestar exteriormente.

El autosacrificio es virtuosismo puro, sagrado y eficaz que corona y bendice el alma humana.

Extractos de anotaciones de 1917

Sólo es digna la vida que tiene amor con sacrificio.

A Mesías en el Antiguo Testamento muchas veces lo llaman Servidor de Dios. Servir no es algo ruin, es Divino. Si sólo implantáramos esta ley de servir en nuestra vida hogareña, seríamos más atentos con todos y haría nuestra casa un lugar de amor Divino. Si aprendiéramos a servir así como Cristo, no pensaríamos cómo recibir alguna ayuda, atención, respaldo de otros, sino cómo traer a otros bien y provecho.

Jamás pierdan el ánimo ni permitan que lo pierdan los demás.

...Hay que ver en el hombre lo mejor que tiene y saber encontrar la belleza y el bien en la vida de cada uno, si queremos inspirar a la gente a cultivar sus mejores dotes. Dios no necesita ayuda para abrir Sus pimpollos y hacer que florezcan Sus rosas. Los pimpollos deben abrirse y las rosas florecer naturalmente, como lo estableció el Señor. Obligar a que florezcan antes de tiempo significa matarlas. Tenemos que ser lo máximo cuidadosos cuando tratamos de influir en la vida espiritual de los demás, sobre todo de los niños. La violencia puede causar un daño irreparable. Lo mejor que podemos hacer para desarrollar la vida espiritual de los demás es ofrecerles una atmósfera de amor y pureza. Las nuevas relaciones amistosas para muchos cambian todo su futuro. Para cada uno mucho significa saber que alguien se inquieta por nosotros...

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