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Lunes, 25 Junio 2018 14:42

¿Qué Europa necesita Rusia?

Autor  Fedor Zima, periodista de problemas internacionales

¿Qué Europa necesita Rusia? ¿Fuerte o débil? ¿Desconectada o unida? Pienso que Rusia necesita Europa independiente, y lo último sobrentiende tanto la fuerza, como la cohesión. Desgraciadamente, los acontecimientos recientes hablan de lo contrario. Si  Spengler hubiera escrito su obra sobre Europa hoy día, habría sido a tiempo llamarla “La Parálisis de Europa”.

Después de la introducción por EEUU de aranceles a la importación de acero y aliminio y la amenaza de imponer sanciones contra las compañías europeas, que inviertan a Irán, en Europa no faltaban agrias declaraciones respecto a Washington. Muchos, por fin, han reconocido el nacimiento de nueva realidad dentro de la Unión euroatlántica, que viene existiendo lo menos desde los tiempos de la Segunda guerra mundial. Sin embargo, ni siquiera las enuciaciones, que ahora Europa no puede apoyarse sin reservas en EEUU, no reflejan la esencia de esta nueva realidad. En el momento actual no se trata de la confianza que está colapsando delante de todo el mundo, sino que de que  este socio es menester de temerlo. El líder europeo reconocido Angela Merkel exhorta a mostrar lescabrosidad en respuesta a las acciones de Washington. No faltan tampoco  llamamientos semejantes por parte de Bruselas. Pero ¿cómo en realidad puede contestar la UE al nuevo desafío norteamericano?

La invocación de la Comisión Europea a las compañías que puedan sufrir por sanciones transoceánicas, a no someterse a la presión y aprovechar su derecho a operar en el marco de la legislación nacional y europea, no ha producido mucho efecto. Una serie de las compañías europeas más grandes ya han anunciado, que están reduciendo sus proyectos en Irán. Algunas de ellas están ligadas con EEUU por activos financieros y créditos, otras han calculado el daño de la pérdida posible del mercado estadounidense, terceras tienen en cuenta tanto lo primero, como lo otro. Como ha dicho uno de los altos funcionarios del Palacio Elíseo: ”Si su interés económico cubra EEUU, donde los cálculos se hacen en dólares, les queda a Vds. poca elección. Más exactamente, simplemente no la hay”.

Surge una pregunta razonable: ¿cómo la UE puede compensar las pérdidas potenciales de compañías europeas en caso de que las últimas ignoren la sanciones? En la situación actual, practicamente con nada, especialmente, si  se trate de garantías para el gran negocio. Aunque Bruselas ha tomado la decisión de formar un fondo de estabilización para amortizar situaciones posibles de crisis, al asignar para este fin 30 millardos de euros. Pero en Europa crisis  económicas nacionales se han hecho un fenómeno tan vulgar, que  es poco probable, que la bolsa de aire financiera sirva al mismo tiempo de boya de salvamento para las compañías en naufragio. Al mismo tiempo, los países-miembros de la UE, el interés de los cuales no sea afectado de sanciones posibles, no estarán de acuerdo de ceder una parte del pastel a grandes compañías europeas. Por su parte, el elector europeo, frente a la rebaja de beneficios sociales e ingresos, no va a aprobar decisiones semejantes. Con esto la energía de protesta va a estará mayor en los países que enfreten o vayan a enfrentar fenómenos de crisis en sus casas. Es evidente, que los partidos oposicionistas o tal llamados “populistas”, que han acumulado fuerza en Europa y están de humor extremamente escéptico respecto a Bruselas y Berlín, no faltarán  lanzar su crítica sobre sus cabezas.

Hace falta notar, que las mismas compañías europeas no confían en la capacidad de sus gobiernos y funcionarios de la UE a defender su interés. Por ejemplo, la intención, anunciada por dirigentes la UE, de simplificar el orden de garantías financieras de inversiones europeas  en Irán, no ha impresionado suficientemente ni Total, ni MAERSK, ni Engie, ni Siemens AG. Al mismo tiempo Bruselas y Berlin se están catastroficamente retrasando con sus contramemidas. Y he aquí el porqué es difícil ponerse de acuerdo con la opinión de P.Bayer, coordinador de la UE en la cooperación transatlántica, que cree, que “ahora Europa ha entendido que las relaciones transatlánticas cambiaron cardinalmente ,y se ha dado cuenta de toda la gravedad de la situación”. Por ahora no se ha dado cuenta.

La ideología liberal ha hecho una jugarreta histórica con la élite europea. La enseñó olvidar pensar global- y estrtégicamente, la ha hecho incapaz frente a serias crisis. La idea de autoregulación del mundo en las condiciones de globalización y el seguro debilitamiento del papel de estado y de la política nacional ha acostumbrado a las élites a seguir el surtido de esteriotipos, que no funcionan en las condiciones de desafíos precipitadamente crecientes y contradicciones. Los gobiernos ven su papel no en la planificación estratégica y previsión, sino exclusivamente en el papel de intermediario y corredor de bolsa entre fuerzas e interés diferentes. Todos sus esfuerzos y pensamientos están concentrados en la bordada política, pero estas habilidades no son obviamente suficientes para revolver las tareas de gran envergadura.

El fenómeno de Trump se concluye precisamente en el hecho de que él conduce  rígida política nacional, al rechazar todos los latiguillos y estereotipos generales. Reconsidera los compromisos existentes exclusivamente con ángulo al interés de EEUU e ignora las reglas de juego establecidas, lo que despierta indignación impotente de los europeos.

Ha resultado, que Europa en principio no está preparada a desafíos geopolíticos, y sus declaraciones ruidosas, no acompañadas de acciones solidarias, revielan su confusión y debilidad. Todo esto es especialmente manifiesto en la conducta de la Sra. Merkel, que llama Europa a “tomar su destino en sus propias manos”. Sin embargo, como señala Thorsten Benner, director del Instituto de Política Global en Berlín,con todas fuerzas la concillera se esquiva cualesquiera discusiónes sobre lo, de que estén preñadas las acciones de Trump  para  Alemania. “Debería encabezar las discusión, pero, a juzgar por todo, la elude. Se forma la impresión, de que ella no tiene ganas de multiplicar su capital político, aprovechando de tal tema”.

Se puede comprender los temores de la Sra. Merkel – Alemania y la UE no tienen serias palancas de presión sobre EEUU. Y la amenaza de Trump de establecer tarifas a los automóbiles de producción alemana despierta en Berlín sensaciones vecinas al choque. No hay unidad tampoco en las filas europeas. “Es difícil conseguir unidad, cuando muchos países europeos, especialmente los en el Oriente, no están convencidos de que deben juntarse a sus socios continentales en su interés geopolítico”, - escribe la revista “The Economist”. Al mismo tiempo recuerda que tres países simultaneamente han vetado la resolución de la UE, que condena el traslado de la capital de EEUU a Jerusalen.

Solamente de Jean Claude Juncker, presidente del Eurogrupo, se podía oir algo que se puede llamar rayos del pensamiento geopolítico. Lo ha hecho de manera original, al comparar el territorio del Eurogrupo con el territorio de Rusia y exhortando a no olvidar de la necesidad de edificar la relación con su vecino. En realidad, en el plan estratégico Rusia para la UE es casi la única seria reserva para sobrevivir en la competición global,  que, a juzgar por todo, va solamente a aumentarse. Al mismo tiempo Rusia es  parte de Europa, ignorando la cual la UE solamente se debilita, sin obtener ventajas ni políticas, ni económicas de la política de sacciones. En contraste con EEUU.

En la perspectiva a largo plazo, para preservar su papel global, Europa, si lo quiera o no, tendrá que desarrollar política independiente, apoyandose en sus propias fuerzas y liberandose de los hierros de la ideología fracasada. No es menester ser especialmente sagaz para comprender lo evidente – Rusia es el socio más vecino y natural de Europa en la supervivencia global. Pero para sacar tal conclusión es necesario ser libre de la mentalidad de pueblo, de broker; hace falta recobrarla capacidad al pensamiento geopolítico. Algunos rayos de tal pensamiento se dan cuenta ya. En Alemania unos cuantos expertos creen necesario trabajar más estrechamente con tales países, como Canadá, Japón, India, Brasil, México y otros. Pero los escépticos consideran, que “EEUU queda el ancla y garante del orden de postguerra en el mundo, y Alemania no podrá compensarlo por negociaciones con canadienses y japoneses”.

Pero los escépticos no toman en cuenta lo evidente – hoy día el orden mundial postguerra, gracias a las acciones enérgicas de Trump, se convierte en el orden mundial a lo norteamericano, en el cual a Europa y otros países se les da el papel sometido y cuyo interés no se toma en consideración. En los ojos de Washington ni siquiera el estatus postguerra de los aliados no les da ninguna prioridad garantizada. Y en el contexto de acontecimientos de hoy en el mundo la misma palabra “orden” suena no más que  ironía o anacronismo.

Entre el coro entero de voces del mundo de política real, que desembiagan Europa, se oyen, aunque cada vez más débilmente, evocaciones del mundo de ayer. Ulruch Speck, analista mayor del Fondo de Marshall en Alemanis, llama: “ Si Alemania pudiera reunir alrededor... masa crítica en apoyo del orden liberal mundial, esto sería una real alternativa”. Suena como  en un drama helénico: “O, si Alemania pudiera!” Pero de veras no se trata de ninguna manera de Alemania, sino de que este orden está pasando irrevocablemente al pasado y aún mayor número de europeos entienden, que seguir el mainstream ideológico de los últimos dos decenarios – es la vía al vacío.

 

La opinión del autor puede no coincidir con la posición de la Redacción.

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