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Jueves, 20 Abril 2017 16:25

Sobre el problema de los derechos humanos en la época de globalización

Autor  Andrei Kádomtsev, politólogo

 

El fenómeno de los derechos humanos es una de cuestiones “eternas”  de la existencia humana, esto quiere decir – está condenado a encontrarse permanentemente en el centro de la narrativa transmedia universal. Para el momento presente, las estipulaciones acerca de la defensa y observancia de los derechos humanos se ha hecho una parte inalienable del cuerpo general del derecho internacional (1). Sin embargo, el proceso de transformación de la civilización terrestre al sistema interconectado global de nuevo apremia disputas acerca de la definición de los derechos hmanos, la universalidad de conceptos sobre los derechos hymanos, los topes de su difusión, lo mismo que de su relativismo cultural. Ya hace largo tiempo estos problemas han constituído una de las direcciones clave en la agenda internacional.

Por ejemplo, representantes de unos cuantos estados orientales (China, Indonesia, Siria, Pakistán y otros) promocionan su concepción de los detechos humanos, distinta de la occidental, el quid de la cual se contiene en lo siquiente: a) es necesario tomar en cuenta la singularidad regional cuando se interpretan y aplican los derechos humanos; b) los derechos socio-económicos son prioritarios en comparación con los  civilies y políticos, y los derechos colectivos – ante los individuales; c)solamente el estado tiene el derecho excepcioonal a definir el estatus de la personalidad.

Unos cuantos expertos, incluyendo a  los occidentales, también creen, que las distinciones objetivas, que tienen los pueblos orientales en el estatus legal de personalidad, expresadas en valores diferentes, son la causa principal de su no acepción a modo de las formas y valores occidentales. En el Oeste se incentivan intenciones subjetivo - organizadoras del individuo, mientras que en las culturas orientales como objeto de las actividades en el mayor de los casos se presenta el grupo integro (que es portador de los derechos reales, y el individuo goza de sus derechos, siendo parte de este grupo). Los pueblos islámicos tienen todaíva mayor dependencia de una  persona de su grupo social.

Mientras tanto, es necesario reconoser, que el criterio sobre la humanidad como  comunidad unida, enlazada por las reglas únicas, es el mensaje universal para las religiones mundiales. Sin embargo, el estatus de personalidad en diferentes religiones mundiales es distinto. Se saben los derechos humanos en el derecho de chariat, no obstante, el papel dominante en él se concede a lo, que Alá encarga al individuo. La definición del estatus de personalidad está en el fondo de las diferencias también entre las culturas occidental-cristiana y confucianista. Por ejemplo, en China una persona individual no tiene estatus, que le de el derecho de oponerse a la familia y relaciones sociales, con las cuales haya sido vinculado desde el nacimiento. Y, al contrario, ell liberalismo moderno sustituye el concepto cristiano del Dios universal por el concepto de naturaleza humana fundamental e individual, como base universal de la justicia. Así, en la comunidad occidental los derechos liberales se difunde a personas individuales per se.

Otra causa importante del esceptismo creciente en relación con la universalidad de  concepción de los derechos humanos el enfoque selectivo de este problema por parte de los países, que pretenden al papel de mentores de la comunidad mundial y promotores de “los criterios humanitarios más avanzados”. Un ejemplo representativo de tal “selectividad” es la negativa de los Estados Unidos de América a revocar la pena capital en unos cuantos estados.

En los últimos 2-3 años, según la expresión exacta del Presidente V.V. Putin, el mundo se ha hecho testigo de “dobles criterios en la evaluación de los crímenes contra la población civil” (en el sudeste de Ucrania, en Siria, en Irák), lo mismo que de “violaciones de los derechos humanos fundamentales a la vida y la inviolabilidad personal”.

Mientras tanto, bajo la égida de “la guerra contra el terrorismo”, que se ha desplegado en los últimos decenarios, hasta en los países de “democracia madura” la vigilancia en gran escala, el encarcelamiento sin causa ni proceso judicial, tortugas de acusados del terrorismo – se hacen fenómenos rutinarios. Aún más ampliamente se practican ejecuciones sumarias, el uso no selectivo de drones respecto a sospechosos del terrorismo. Se refuerza la tendencia alarmante al crecimiento de amenazas a la libertad de palabra y al acceso a información, a la persecución de los medios indeseables y ciertos periodistas, al incremento del control y censura en la esfera de comunicaciones electrónicas.

La globalización agudiza la competencia entre los países. En tales condiciones se reaniman las prácticas viciadas de los tiempos de “la guerra fría”, cuando el borde entre la cooperacion contructiva en el campo de defensa de los derechos humanos y las tentativas de usar a defensores de los derechos humanos como “títeres” en los juegos políticos a veces resulta ser extremadamente pequeño. Hoy día en muchos casos de nuevo la concepción acerca de la autonomía de movimientos sociales u organizaciones no gubernamentales (ONG) de los gobiernos es más bien una ilusión, y los vínculos entre los círculos oficiales y ONGes resultan ser de hecho mucho más estrechos, que se podría suponer.

Por entero, la contradicción de la influencia del proceso de globalización sobre la esfera de los derechos humanos se condiciona en medida considerable por su caracter esponténeo, lo mismo que por su cierta monopolizaciónpor parte de países occidentales. Precisamente por eso la concepción occidental de los derechos humanos, siendo por un lado, una de las fuentes y elementos clave del relleno doctrinario de globalización, por otro – excita casi la más fuerte no acepción, por parte de los opositores, de la idea de transformación de procesos socio-económicos en el mundo según “los moldes”, impuestos defuera.

Como resultado, la globalización va a dejar de ser un proceco unidireccional. Los esfuerzos encontradizos, encaminados a la inadmisión de perjuicio y erosión de los valores tradcionales, que se han formado en el transcurso de milenarios de la civilización humana en diferentes estados y comunidades, aún más activamnete se manifiestan en la política y esferas ideológicas y culturales. La situación,  que se ha formado, obviamente exige la búsqueda de compromisos por parte de todos los participantes de este proceso.

La Federación Rusa defiende sucesivamente el punto de vista, conforme con la  cual las actividades sistémicas de la comunidad internacional  en cuestiones de la educación, cultura , lucha con la migración illegal, tráfico de personas y el terrorismo debe sustituir la ritórica abstracta sobre ”la defensa de los derechos humanos”. En tales condiciones es lamentable constatar, que los fenómenos de crisis en la esfera de relaciones internacionalesse se han reflejado viciadamente en institutos internacionales principales enla esfera de defensa de los derechos humanos, que a menudo se encuentran incapaces de reaccionar adecuado y eficientemente a las violaciones en masa de los derechos humanos en diferentes puntos conlictivos del mundo. La superación  de tales tendencias negativas es una de las direcciones prioritarias de la política exterior del estado ruso.

Así, los desafíos de defensa de derechos de los últimos tiempos - amenazas a la paz y seguridad internacional, violaciones en masa de los derechos humanos, problemas de seguridad económica, ecológica, de alimentos internacional – suscitan la necesidad de elaborar nuevos enfoques, unificar las esfuerzos de institutos políticos y  de defensa de derechos nacionales e inrernacionales al nivel cualitativamente nuevo.

 

Notas:

1.     La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948: el Pacto internacioal sobre los derechos civiles y políticos y el Pacto internacional sobre los derechos económicos, sociales y culturales de 1966 y actas adicionales a ellos, adoptados en lo sucesivo.

Dicha concepción también ha sido reafirmada ( en una u otra forma) en constituciones de la mayoría aplastante de los estados contemporáneos, incluyendo en la Constitución vigente de the FR de 1993.

 

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