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Domingo, 30 Agosto 2015 17:01

Obra policíaca acerca del oro español, la cual nos hace pensar

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Un nuevo libro acerca del destino de la reserva de oro del Banco de España en los tiempos de la guerra civil en ese país ibérica fué presentada en el Instituto Cervantes de Moscú. Está escrita en género de una novela policíaca cautivante por el periodista Boris Gutiérrez Cimorra. A base de los hechos reales y cuentos de testigos oculares estudia la historia de la saca de la reserva española de oro en otoño de 1936. De Madrid, sitiado por los facciosos del general Franco, el oro fué trasladado a la Unión Soviética, a Moscú (Cimorra B. “Hasta el último maravedí o las orejas del oro (Cómo Stalin convirtió el oro de Madrid en el oro de Moscú)”. – Tver: el Editor A.N. Kondratiev, 2015. – 340 p.con illustr.)

Quién es el autor de esta obra policíaca documental sugestiva? Es Boris Guttiérrez Cimorra. Nació en Moscú en 1944 en la familia de un emigrante político de España. En 1967 se graduó del Instituto de Aviación de Moscú (IAM). Luego en el transcurso de unos cuantos años simultaneaba el trabajo de ingeniero con actividades periodísticas. Más tarde, en 1972 empezó a trabajar en la redacción de la radiodifusión para América Latina en Moscú. En 1967, junto con sus padres regresó a España, donde trabajó сomo consultor financiero-comercial en la más grande companía financiera de España, cuyos intereses respresentaba en Moscú más tarde.

Desde 2010 Boris Cimorra empezó a ensayarse en la literatura y publicó su primer libro en español “Un hidalgo en el país del frío”, dedicandolo a su padre, Eusebio Cimorra, periodista español muy famoso, quien había encabezado la redacción del periódico comunista “Mundo Obrero” en los años de la guerra civil en España. Después de la derrota de la República Española tuvo que emigrar a la Unión Soviética, donde en el trascurso de 37 años coordinaba el funcionamiento de la redacción española de la Radio Moscú.

El libro “...las orejas del oro...” es el segundo libro de Boris Cimorra, publicada tanto en España, como en Rusia (en la versión española se llama de modo diferente: «Hasta el último maravedí o Las orejas de oro»).

En el prefacio el autor cuenta, por qué le ha interesado el tema del oro español. En la infancia, cuando vivía con sus padres en una dacha de alquiler, por casualidad encontró en el jardín unas cuantas monedas de oro, probablemente,mal escondidas por los dueños antiguos de la casa. Así por primera vez tropezó con el oro, aunque a causa de su pequeña edad, no comprendía qué esto era. Ya en los años maduros un banquero, con quien Boris tenía amistad, presentando su collección de monedas, le mostró el tesoro principal - una moneda española de oro de 5 maravedí (el acento está en la última letra “i”). Y explicó, que la moneda era un grano de la reserva española de oro, traída de Madrid a Moscú en otoño de 1936. En aquel momento, explica Boris Cimorra, lo empezó a imteresar este tema. Leyó más de dos decenas de libros acerca de aquel período dramático de la guerra civil y el oro español y empezó a coleccionar materiales adicionales. B. Cimorra escribe: “ Y me nació una idea de crear una más versión de aquellos acontecimientos, relativamente distinta de la versión oficial, inscribiendo en ella rasgos de mi propia emaginación, de mis estudios, de mi análisis personal y mi interpretación de los testimonios y documentos existentes¨.

El libro tiene trece capítulos, los nombres de los cuales atestiguan tentativas completamente naturales del autor de llamar la atención de los lectores: “Julietta del Comisariado Popular del Interior (CPI)”, “Dudas de un líder Comunista”, “¿Dónde esconder el oro?”, “Resaca después de un fracaso”, “Cacería por el tesoro”, “Oro de la gloria y de la verguenza”...

De diferentes fuentes se sabe, que a 1936 la reserva de oro de España excedía 600 toneladas. En el momento de la sublevación de los nacionalistas su parte considerable se encontraba en las bodegas del Banco de España en Madrid. Según la versión de Boris Cimorra, los agentes soviéticos de los servicios secretos del CPI lograron persuadir a los dirigentes de la República en que la reserva de oro, al cual amenazaba la captura por los franquistas, que sitiaban aMadrid, debía ser trasladado a Moscú para guargarla allí y en lo sucesivo usarla para el apoyo de los republicanos españoles. Tal fué la instrucción personal del mismo I.V. Stalin.

Al recibir “una venia” de la dirección del Madrid republicano, los agentes soviéticos comenzaron una operación especial complicada y peligrosa.

“Antés de que el oro del Banco de España fué transportado a la Unión Soviíca. – escribe Boris Cimorra, - lo sacaron de Madrid para guardar en los depósitos antiguos de pólvora de Algameca en el apostadero de Cartagena. La operación lo encabezó presonalmente el jefe de la residendura soviética en España. Durante la transportación  de 7800 cajas con el oro del depósito en Algameca la columna de camiones fué borbeada por “los nacionales” de Franco. Sin embargo, todo pasó exitosamente, pues la trasportación fue ejecutada en dos decenas de camiones pesados por los tanquistas soviéticos experimentados del grupo de aquellos mismos “voluntarios”.

Más tarde la reserva de oro del Banco de España fué embarcado a cuatro buques comerciales: “Kim”, “Kuban”, “Neva” y “Volgoles”. Y no sin aventuras en el transcurso de 9 días el cargo fué llevado del puerto de Cartagena a través de los Mares Mediteráneo y Negro al puerto de Odesa. Y de allí en un tren especial – a Moscú: al depósito del Gokhrán de la URSS.

Es cierto, que, a pesar del carácter estrictamnete secreto de la operación, se enteraron de ella todos: empezando con las inteligencias de Italia fascista y Alemania nazista y terminando con los servicios especiales de Francia, Inglaterra , lo mismo que del general Franco. Pero, aprovechando la listeza y el calculo exacto, los organizadores lograron eludir todas las trampas, evitar los ataques directos de los enemigos y entregar el cargo de oro a Moscú.

En el acto de entrega del cargo se decía, que el Comisariado Popular de Finanzas de la URSS habá recibido como depósito el oro, traído de España y empaquetado en 7800 cajas. El peso total era alrededor de 510 toneladas (510079529,3 gramos)...

De todos los eventos de la política exterior soviética la guerra civil en España tenía la más amplia cobertura en la historiografia soviética. De la obra del historiador V.I.Mikhailenko “Nuevos hechos acerca de la ayuda militar soviética en España”, por ejemplo, conocemos, que durante la guerra civil en España la población soviética recogió donaciones voluntarios por una suma de 264 millones de rublos. En 1936 – principios de 1937 la exportación de mercancías a la República Española ascendió a un millón 420 mil toneladas para una suma de 216 388 mil rublos. Los Comisariados Polulares de la Defensa y de Relaciones Exteriores, los órganos de partido y de komsomol, Comités executivos del Komintern y del Internacional Comunista de la Juventud (ICM) estaban repletos de solicitudes de los ciudadanos soviéticos, quienes deseaban ir como voluntarios a España y combatir contra los fascistas allí, lo mismo, que aceptar a los niños españoles, traídos a la Unión Soviética, para educar o adoptarlos.

Está claro, que la novela policíaca de Boris Cimorrano no suponía crear una pintura completa de la tragedia de la guerra civil en España. Y ni mucho menos todas sus partes es posible medir con el oro, millones de rublos o dólares. Se piensa, que el objetivo principal de los esfuerzos de Boris Cimorra consistía en crear una novela sensacional y resonante. Y en este sentido su labor fué coronada con el éxito. Aunque, a mi parecer, el libro, traducido al ruso, rebosa de repeticiones y una multitud de faltas orfográficas, lo que atestigua una redacción mal hecha e irrita, cuando lo estás leyendo. El libro obviamente necesita que sea bien “exprimida” y quite de muchisimas de palabras y expresiones vanas. En cuanto al contenido del libro, cautiva y hace pensar en la historia nuestra y español, en la historia del mundo de aquellos tiempos. Aunque, ciertamente, es dificil juzgar objetivamente los eventos de ochenta años de antiguedad, partiendo de la posición del día de hoy.

Y en presente se puede interpretar de diferentes modos la frase, citada por el autor y dicha presuntamente por I.V. Stalin en su círculo limitado: “ Los españoles no verán el oro, como sus propias orejas”. Por una parte, el líder soviético defendía, ante todo, los intereses de la URSS, teniendo en cuenta que así postergara el  choque con la fuerza enemiga y se preparara mejor para la guerra, y, por la otra, advertía, que la reserva de oro español no pasaría en propiedad del régimen fascista de Franco, sino al reforzamiento militar y económico de la República. Lo que los antifascistas españoles, en enorme medida, no lorgaron, ni siquiera con la auyda de los internacionalistas. Cuáles fueron las razones?  Es el tema para un análisis separado. Aunque en la obra de Boris Cimorra se muestran muy bien las contradicciones en el medio de las fuerzas, que luchaban por la preservación de la República.

Ahora vamos a hablar de lo que no se pueda comprar con ningún oro. Se trata de centenares de miles de destinos humanos, de seres humanos, quienes entregaron sus vidas no por un beccero de oro, sino, a su parecer, por una justa idea, contra el fascismo y el nazismo. Los voluntarios soviéticos combatían abnegadamente contra los franquistas hombro con hombro con sus compañeros españoles. En tres años de la guerra unos cuantos miles de especialistas militares y civiles, internacionalistas verdaderos de la Unión Soviética estuvieros en España. Muchos de ellos, defendiendo la República, sucumbieron en la tierra española. Solamente las pérdidas entre los pilotos soviéticos ascendieron a 77 personas. Según los datos del presidente de la Associación de los voluntarios soviéticos, participantes de la Guerra civil en España, el general de la aviación Víctor Lavsky (Julian don Pedro Valenciano), cada noveno artillero, cada sexto piloto y cada cuarto tanquista soviéticos perecieron en los campos de los combates...

En total, según los datos oficiales, aproximadamente 200 voluntarios rusos no regresaron a casa. Pero no se sabe ningún número exacto de los perecidos, pués en aquellos tiempos todas las acciones de la parte soviética, incluyendo las expediciónes de voluntarios, especialistas y miltares, fueron estrictamente clasificadas. A veces para desinformar al enemigo se presentaba una estadística falsa. Por eso tanto se diferencian las cifras referentes al número de los participantes soviéticos en la guerra española, dadas por diferentes historiadores.

Muchos de los datos análogos se puede extraer del libro de V.L. Telitsyn «Los Pireneos» en las Llamas.  La Guerra Civil en España y los «Voluntarios» Soviéticos», lo que Boris Cimorra hizo de buena gana. En total, conforme con las fuentes soviéticas, en el transcurso de casi tres años de la guerra, de la Unión Soviética, incluso al costeo de la reserva de oro del la Repúlica de entonces, a España le fueron suministrados 648 aviones, 347 tanques  (I.P. Shmelev, otro historiador soviético, consideraba, que allá habían enviado 362 tanques), 60 automóbiles blindados, 1186 cañones, 340 morteros, 20486 ametralladoras, 497813 fusiles, 862 millones de cartuchos, 3,4 mln. de granadas y 4 torpederos. Una fuente más atestigua el envío de 806 aviones, 362 tanques y 1555 piezas de artillería. A juicio de los españoles, de la Unión Soviética llegaron 500 tanques T-26 y 100 – BT-5, sin contar auto blindados, 1968 piezas de artillería y 1008 aviones...

Teniendo en aquellos tiempos menores posibilidades económicas y militares, que todos los estados fascistas y sus protectores secretos en los países burgueses, la URSS prestó a la República Española ayuda, que le permitió hacer frante a los franquistas y sus aliados durante 32 meses.

Y además considero necesario presentar algunos hechos, los cuales no hay en el texto de esta novela, debido a su género policíaco.

En 1937-1938 de España, envuelta en combates encarnizados, fueron evacuados más de 34 mil niños de las familias de los republicanos, para salvarlos de las hostilidades. De ellos más de 3 mil vinieron a la Unión Soviética. Según los datos oficiales, en cuatro partidas fueron transportados 2895 niños. Pero, según otra información, les había mucho más. Y esto, sin contar a los refugiados políticos españoles adultos, quienes se acogieron a las aras en la URSS.

Una parte considrable de los niños, traídos a nuestro país, era del País Vasco, Asturias y Cantabria. Estas regiones de España fueron atajados del resto del país en el norte del país por los insurgentes.

La edad de los niños era de 5 a 12 años. Y un pequeño grupo de adultos vino con ellos como educadores. Más tarde, ya en las casas infantiles, 1400 maestros, educadores y médicos (entre ellos 159 eran españoles) trabajaron con los niños.

Una periodista rusa - española Elena Visens escribió lo siguiente:

«Al fin de 1938 en la URSS había 15 casas infantiles para los niños españoles: diez – en la RSFS de Rusia (entre ellas una, N 10, era especialmente para los párvulos, en la ciudad de Pushkin cerca de Leningrado) y otros cinco – en Ukrania. En Rusia las casas infantiles se concentraron, principalmente, alrededor de Moscú y Leningrado. Para organizarlas se  utilizaron casas de reposo del CCS de la URSS y y fincas antiguas del noble. En Ukrania las casas infantiles fueron organizadas en Odesa, Jersón, Kíev y Jarkov. Durante la Gran Guerra Patria la mayoría de «las casa infantiles españolas» fué evacuada a la Asia Central, Bashkiria y regiones a la orilla de Volga, lo mismo que al Cáucaso de Norte y  Georgia. En primavera de 1944 más de un mil niños españoles fueron de nuevo traídos a las areas cerca de Moscú, pero una parte quedó en Georgia, y otros niños fueron movidos a Crimea  y Saratov».

A la mayoría de los niños traídos los colocaron a las casas infantiles, cuyas actividades las supervisaba «el Departamento de casas infantiles especiales»  adjunto al Comisariado de la instrucción de la URSS.

Quellos niños quedaron en nuestro país durante un período suficientemente largo. Una parte de ellos  regresó a España en 1956 – 1959, otra parte partió para Cuba, pero muchos quedaron en la URSS.

En 1957 entre las direcciones soviética y española fué concluído un acuerdo acerca del regreso de «los niños españoles» a su patria. Y al poco tiempo por intermedio de la Cruz Roja Internacional el barco de vapor «Crimea» trasladó a 412 españoles a España ...

La derrota de la República Española demostró a la RUSS y todo el mundo, cuán dificil había sido oponer resistencia a la máquina fascista militar calculadora, despiadada y poderosa.  Cuanto más – vencerla. A unas personas esto les alarmaba, a otras - espantaba, a terceros mobilizaba a la preparación al conflicto inevitable con esa máquina en el futuro...

Quisiera recordar, que ya después de la segunda guerra mundial el tema del oro se planteaba por la parte española a finales de  los años 1950, lo mismo en la segunda mitad de los años 1960. Pero todo fué en vano. Solamente después de la muerte del caudillo Franco (20 de noviembre de 1975) se pudo llegar a un compromiso, y una parte de la reserva de oro fué devuelta a Madrid.  V.L. Telitsyn escribe sobre este hecho en su libro «Pireneos» en las Llamas. La Historia de la Guerra Civil en España y «los Voluntarios» Soviéticos» (pag.256). Voy a anotar también el hecho de que practicamente todas las obras de periodistas, escritores y historiadores acerca de los eventos de 1936-1939, aunque creadas en años diferentes, llevan, en una u otra medida, un matiz de la conyuntura política y no son de ningún modo completamente objetivas. Y esto se ve especialmente bien en la novela policíaca de Boris Cimorra. Está claro, que el autor evalua la situación de casi 80 años de antiguedad con los ojos y el intelecto del escritor del siglo XXI.

En la conclusión, pienso, hace falta reconocer el valor positivo del libro de Boris Cimorra, quien en forma detectivesca cautivante ha recordado a la nueva generación de los lectores uno de los períodos más trágicos en la historia de España. En aquel período durante casi tres años de una confrotación fratricida, como nos informa el historiador Serguey Danilov en su libro «Guerra Civil en España (1936 – 1939)», (pag.295), España perdió 450 mil sus ciudadanos (equivalente a 5% de su población antes la guerra y más de 10% de la población masculina. Perecieron casi 20% de jóvenes de 16 a 30 años de edad). Según los calculos aproximados, perecieron 320 mil partidarios de la República y 130 mil franquistas, ya sin contar a los heridos y mutilados. Cada quinto perecido fué la víctima no de operaciones miltares, sino de las represalias políticas en ambas partes del frente. En el país con la población de aquel entonces de 25 millones de habitantes no quedó casi ninguna familia, que no hubiera sufrido de la guerra. Después del fin de la guerra de España se fueron más de 600 mil ciudadanos, entre ellos había muchos intellectuales, escritores, poetas, pintores y filósofos. Así, se puede decir, que la guerra civil en España fué la mayor conmoción trágica para un enorme número de los españoles, a quienes les tocó vivir en la primera mitad del siglo XX.

Y al fin hablemos una vez más de la lengua del libro de B. Cimorra. Ya he notado, que el libro merece una redacción mejor. Lo mismo se refiere a los vulgarismos de los cuales está lleno su texto. A mi parecer, si el autor los hubiera evitado, podría haberse ganado todavía más cultores de su talento.

 

Literatura

 

V.L. Telitsyn «Los Pereneos» en Llamas. La Guerra Civil en España y «los Voluntarios» Soviéticos», -  M., Casa editorial: Eksmo, 2003, - 384 pag. Con illustr. (URSS: guerras secretas).

S.Yu. Danilov «La Guerra Civil en España (1936 – 1939)». M., Veche, 2004. – 352 pag. (Secretos  militares del siglo XX).

 

Palabras clave: España La guerra civil Cómo la reserva de oro de España fué transportado a Moscú

 

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