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Jueves, 28 Abril 2016 07:41

Película “Los Rusos y los georgianos”

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En la Academia de Artes de Rusia, situada en la calle Prechístinka, 21, en Moscú, se celebró una presentación de  la película documental de Evgueni Kozhokin “Los Rusos y los georgianos”. En la película se  trata de los georgianos quienes sienten una generalidad profunda con Rusia y, quedando hijos de su Georgia querida, no tienen nada contra los rusos.

La película fué presentada por el mismo director y escenarista Evgueni Mikháilovich Kozhokin, vicerrector del IERIM en las actividades científicas. Entre los invitados habían representantes del cuerpo diplomático, críticos de arte, personalidades del cine y teatro, artistas, políticos, periodistas, amigos del grupo de rodaje. Por que Evgueni Mikháilovich se puso a crear esta película,no siendo ningún documentalista, se hace claro, partiendo de sus actividades polifacéticas. De formación  E.M. Kozhokin es historiador. Omitiendo unos cuantos detalles biográficos, vamos a notar, que del febrero de 2009 al julio de 2010 trabajó el vice-dirigente de la Agencia federal de asuntos de la Comunidad de Estados Independientes, de  los compatriotas, que viven en el extrajero, y de la cooperación humanitaria internacional. Y del julio de 2010 al julio de 2014 fué el rector de la Academia de labor y relaciones sociales. Por eso la película “Los Rusos y los georgianos” es su tema.

En el IERIM existe un club Georgiano, junto a clubes Azerbaidzhano, Balcánico, Eurasiático, Hebráico. Aparentemente, la idea de escribir este guión fué sugerida también por la influencia de acitividades de esa asociación amateura. Aunque el autor afirma, que  su intento fué mostrar, hasta qué punto están entrelazadas las raízes culturales de los rusos y de los georgianos, a pesar de la diferencia de los códigos civilizatorios y no obstante las diversidades externas de los dos pueblos cristianos - las diversidades, que parecen sorpendentes, en el temperamento y el modo de vida.Los primeros cuadros son simbólicos y muy prometedores – en un templo georgiano unos cuantos parroquianos están comulgando. Pero la continuación lógica del tema de las raízes espirituales comunes no sucede.

Está interrumpida por el monólogo de un pintor de orígen ruso, que vive y crea en Geeorgia. Y, en general, a pesar de las dificultades inevitables de carácter material, se siente satisfecho de su vida. Vamos a concentrarnos en esto. El autor escoge a personas de profesiones parecidas de Georgia y Rusia, los cuales, siendo georgianos, viven en Moscú, y, siendo rusos, viven en Tbilisi. Parece, que la estructura de la composición está verificada. Pero... “fué muy bello en el papel”. La representación está desequilibrada, y la película ha dado unos bandazos evidentemente ¨georgianos”. Todos los monólogos son acerca de Georgia, sobre cuán comfortable se vive allí a los no georgianos y a los ciudadanos del país. La confesión de una de las heroinas del film incluso contiene un reproche: dice, en la capital georgiana en las almas de la gente el sistema de “patios italianos” ha dejado cualidades humanas inapreciables, tales como compasión, mientras que en Moscú la gente no sabe, como se llama su vecino del apartamento. Y se puede parecer, que esto es justo. Si, si vamos a mirar superficialmente por “las casas de Moscú”. Pero el autor llama tratar de ver – detrás del mundo real, del mundo de los objetos y acontecimientos – otro mundo, oculto, pero no menos real. Precisamente este mundo es fundamental en nuestros códigos históricos, culturales y civilizatorios.  Aunque,no se sabe el porqué, resulta que casi todo el tiempo se trata, en gran medida, de los georgianos, sin dejar lugar ni siquiera para un comentario pequeño sobre los rusos. Bien que dos veces en el cuadro aparecen representantes de Rusia – un sacerdote ortodoxo, quien habla de su rebaño georgiano y de que como estudia georgiano. Y una muchacha – zapatera, quien ha encontrado la obra de toda su vida en un taller de calzado en el medio de profesionales verdaderos y zapateros – maestros hábiles en Tbilisi. La muchacha también habla calurosamnete y mucho de Georgia, si... ¿quién es, al final, contra esto? Pero, ¿dónde están los rusos, a los cuales han anunciado en el título del filme?

Juntamente con el autor del relato documental admiramos las bellas caras inspiradas de los georgianos – imagenes de la Georgia bendida, sean escolares, que no conocen a ningunos otros escritores y poetas rusos, menos Pushkin;  pero de veras los escolares rusos no podrán llamar tampoco a otros poetas georgianos, menos Shotá Rustaveli. O sean parroquianas de un templo, profesores del ruso en las escuelas georgianas, pintores, músicos. La cámara del cine, parece, escoge las caras más bellas – tanto en la calle en la muchedumbre de transeúntes, como durante un recreo en el parque o en el partio, donde se está secando la ropa en los tendederos. Todas esas caras son incomparables y llevan la marca de su país y su tiempo. Independientemente del hecho, que no oímos ninguna respuesta deseada a la pregunta planteada, surge un sentimiento de admiración de los niños de edad tierna, de la abuela de edad avanzada de una gran familia, del profesor-filólogo de la escuela superior,  quien pasó a la escuela secundaria y, como siempre, no se ha desengañado de su profesión. El zapatero Irakli da a sus aprendices “una clase de filosofía”: haciendo zapatos, espera no mucho dinero, sino encargos interesantes. Para tales casos los rusos tienen un refrán: “No por avidéz, sino por alegría”.

A propósito, acerca de los rusos. Como si fueron olvidados en la película. Pero y esto no es lo malo, porque en la película paralel e evidentemente se trasluce el pensamiento que Rusia no irrita a ninguno de los georgianos, no despierta emociones negativas, no motiva agresión – en resumidas cuentas, es un buen vecino. Además – todos los georgianos hablan ruso formidablemente, son benevolentes, risueños, laboriosos, sinceros. Rusia también necesita tener tal vecino – amante de la paz. Porque Rusia siempre ha buscado la paz y la ha defendído, aunque hasta muchos pueblos y países “se han trascordado”  de esto. Pero en los rusos es fuerte la memoria del valor de la paz, regada por la sangre en los campos de batallas. Y en el filme de esto “habla” el filósofo soviético de origen georgiano Merab Mamardashvili en las páginas de sus libros. “Solamente lo, que no es nada de lo, que vemos, es la existencia, la existencia de lo, que vemos”.

Y aunque la película ha narrado materiales no acerca de dos pueblos, como fué anunciado en su título, los autores-documentalistas han parcialmente cumplido su tarea. La película “Los Rusos y los georgianos” se puede considerar el principio de una gran conversación sobre los destinos de los dos pueblos, los cuales solo a vistazo “...son tan distintos entre si”. Pero cuan fuerte y indisoluble es lo común entre ellos - es el tema de, probablemente, una película siguiente.

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